De día.

Felipe sentía las piernas cansadas, se arrastraba por la vereda. El vapor que transpiraba el pavimento lo ahogaba desde abajo. Vio una plazita y se dirigió con pesadumbre hacia allí, evitando los linyeras que se le trepaban lentamente al brazo.
Se sentó en un banco verde desteñido por el tiempo. La gente se hamacaba a velocidades vertiginosas a su alrededor, como estrellas fugaces nadando hacia una muerte universal.
De pronto, se acercó una paloma a su pie derecho, y le dijo "¿que tal?".
Felipe la miró con desprecio, y siguió en sus meditaciones, pensando dónde estaría Nina. Pero entonces la paloma hizo algo que llamaría su atención, algo que le daría miedo, pero esperanza.

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