Necesito que me salves. Que me salves de una catástrofe de merienda, en un terciopelo inoportuno que son estas baldosas frías y agrias como el limón griego.
-Ultramar, crucemos divina.
-¿Le dices mar a este gris monumento de asfalto esbelto?
-Le digo mar a tus ojos celestes y tu pelo de olas.
-¿Y los barcos y los peces?
-Solo a veces.
-Dame una luz, una linterna querido antes de que...
Desvaneció la imagen como un holograma de un domingo sin misa, un domingo lunes del que hay depresión como si fuese un 2029 cien años después.
Triste Felipe y perro de prisión clavó sus puños en unas letras, las hundió en el abismo, y siguió como un astronauta hacia la puerta. Salió a la realidad. Salió del milagro, de la chica del diccionario colorido. Salió y caminó hacia un kiosco.